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"Toda teología es política" (Juan Bautista Metz, en "Dios y tiempo: Nueva teología política")

 

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Violencia

La Biblia debe leerse desde Jesús. Por ello, es inadmisible proclamar el ejercicio de la violencia con base en la Biblia. Para que no hubiera duda, Nuestro Señor advirtió:

"Ustedes han oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo y no harás amistad con tu enemigo.” Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y recen por sus perseguidores,  para que así sean hijos de su Padre que está en los Cielos. Porque él hace brillar su sol sobre malos y buenos, y envía la lluvia sobre justos y pecadores. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué mérito tiene? También los cobradores de impuestos lo hacen. Y si saludan sólo a sus amigos, ¿qué tiene de especial? También los paganos se comportan así.  Por su parte, sean ustedes perfectos como es perfecto el Padre de ustedes que está en el Cielo." (Mt 5, 43-48)

Y San Pablo, por su parte, indica cuáles son las armas del cristiano, que no son precisamente las humanas:

"Por lo demás, fortalézcanse en el Señor con su energía y su fuerza. Lleven con ustedes todas las armas de Dios para que puedan resistir las maniobras del diablo. Pues no nos estamos enfrentando a fuerzas humanas, sino a los poderes y autoridades que dirigen este mundo y sus fuerzas oscuras, los espíritus y fuerzas malas del mundo de arriba. Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón y la justicia como coraza; tengan buen calzado, estando listos para propagar el Evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del Demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios." (Efesios 6, 10-17)

Por tanto, un cristiano no puede identificarse con lo violento, sino por el contrario con aquel cuya fuerza es su testimonio y su determinación en proclamar el Reino de Dios, eso sí, sin participar en las cosas malas, sino denunciándolas no siendo parte de ellas.

"Busquen lo que agrada al Señor. No tomen parte en las obras de las tinieblas, donde no hay nada que cosechar; al contrario, denúncienlas. Sólo decir lo que esa gente hace a escondidas da vergüenza;  pero al ser denunciado por la luz se vuelve claro, y lo que se ha aclarado llegará incluso a ser luz." (Ef 5, 10-13)

Muchos se sentirán tentados de preguntar: ¿Y qué hacemos con toda la violencia que hay en el Antiguo Testamento? Ya dijimos la primera regla: todo debe interpretarse conforme el mensaje de Jesús, resumido en el mandamiento del amor, incluso a los enemigos (leer también Mt 11, 29). Lo segundo es que es necesario aprender a leer la Biblia (lea por favor "Para leer la Biblia se necesita saber hacerlo"), porque resulta que la Biblia se escribió a lo largo de muchos siglos, bajo contextos culturales concretos, en dependencia de la experiencia que progresivamente se iba adquiriendo de Dios (a lo cual se llama "la Revelación"). En algún momento de la historia, los seres humanos le atribuyeron a Dios todo, hasta lo malo; así, especialmente en los tiempos más primitivos de Israel, hasta quisieron mostrar que Dios quería la muerte de los paganos, cosa que después se descubrió como erróneo. Por ejemplo, el profeta Ezequiel transmite estas palabras de Dios:

"¿Creen ustedes que me gusta la muerte del malvado? dice Yavé. Lo que me agrada es que renuncie a su mal comportamiento y así viva." (Ezequiel 18, 23)

Y si a alguien le queda alguna duda, tenga presente la siguiente advertencia:

" Es fácil reconocer lo que proviene de la carne: libertad sexual, impurezas y desvergüenzas;  culto de los ídolos y magia; odios, ira y violencias; celos, furores, ambiciones, divisiones, sectarismo  y envidias; borracheras, orgías y cosas semejantes. Les he dicho, y se lo repito: los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios." (Gál 5, 19-20)

En realidad, la frase "odios, ira y violencias", es la traducción según la Biblia latinoamericana de dos sustantivos griegos: echthra y eris. El primero denota profunda enemistad u hostilidad desde el corazón; el segundo, es el conflicto que resulta de las discordias. En otra parte del Nuevo Testamento, Pablo usa el mismo sustantivo para indicar una condición que, mientras exista, es muestra de debilidad (1 Co 3, 3).

Un punto que debe comentarse, es el único momento en que Jesús se comporta agresivamente: cuando saca a los mercaderes del templo de Jerusalén (Mt 21, 12-17, aunque el pasaje es relatado también en los otros tres evangelios). Este pasaje ha sido utilizado por algunos que quieren justificar la violencia incluso en forma de lucha armada (en especial por teólogos de la liberación de extrema izquierda), pero olvidan para empezar que allí nadie sale muerto y que fue un acto de señorío sobre la casa de Dios ejercido por el único que podía hacerlo: el Hijo de Dios.

" Jesús entró en el Templo y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el Templo. Derribó las mesas de los que cambiaban monedas y los puestos de los vendedores de palomas. Les dijo: “Está escrito: Mi casa será llamada Casa de Oración. Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones.” (Mt 21, 12-13)

Sugiero leer el episodio completo para observar cómo luego de eso, Nuestro Señor comenzó a enseñar en el templo, es decir, una vez purificado el lugar y ratificado su derecho divino sobre el mismo visto que El era el Rey. Nunca más volvió a ocurrir nada parecido, de modo que esa conducta no fue la regla, sino la excepción y eso bajo condiciones en las que no cabe ningún otro ser humano.

Antes de terminar, hay que dejar claro algo importantísimo: que, segun la Biblia, la violencia está íntimamente relacionada con el pecado. Sugiero al lector que se tome el trabajo de leer el episodio de Caín y Abel, en Génesis 4, 1-16. Se supone que todos lo conocemos desde pequeños, sin embargo, hay en ese relato elementos que raramente se mencionan. Note lo que dice Dios a Caín en el versículo 7:

"Pero tú no obras bien y el pecado está agazapado a las puertas de tu casa. El te acecha como fiera, pero tú debes dominarlo"

El término en hebreo que aquí la Biblia Latinoamericana traduce como "pecado" es hata'ah, quizás el principal vocablo del Antiguo Testamento para hablar de pecado y, que curiosamente también se usa para referirse a los sacrificios al Señor por el pecado, y está emparentado con el término para referirse a la habilidad de no fallar (como en Jueces 20, 16, para indicar que esos honderos no fallaban). Cuando el Faraón dice "Ahora perdónenme mi pecado esta última vez, e intercedan por mí ante Dios para que aparte de nosotros esta plaga" usa en hebreo exactamente el mismo término, que igualmente se usa en Ex 30, 10.

Lo que acecha a Caín, quien además sufría de ira (ver versículo 24) se exterioriza en violencia homicida, porque poco después se relata el asesinato de Abel, ante el cual Caín es castigado. No obstante, ante el temor de Caín de sufrir exactamente la misma suerte de Abel, Dios advierte algo que pocos tienen en cuenta: que la venganza no le corresponde a ningún humano, sino a El mismo (eso explica la marca que Dios le coloca en la frente y en particular el versículo 24). Es decir, el mayor efecto del pecado es la violencia. Quienes emparejan "pecado" con el incumplimiento de reglas prescritas en alguna parte cometen un error, porque lo que Dios condena es la violencia en cuanto exterioriza lo que hay en nuestro interior. Jesús dirá:

"El hombre bueno saca cosas buenas del bien que guarda dentro, y el que es malo, de su mal acumulado saca cosas malas." (Mt 12, 35)

Es lo de adentro lo que importa. Las cosas malas que ocurren sencillamente están "traduciendo" lo que hay torcido en nuestro interior. Eso torcido es lo que hay que corregir (leer por favor "Qué es el pecado?").

Por tanto, la principal señal de que las cosas andan mal tanto interior como socialmente es la existencia de violencia, por ello el cristiano debe evitarla.

Finalmente, recordemos que mucho menos puede admitirse violencia contra quienes en nuestro parecer merecen algún tipo de castigo debido a su grave comportamiento, porque la justicia pertenece a Dios, no a nosotros, de modo que la venganza quedó proscrita bíblicamente:

"Conocemos al que dijo: A mí me corresponde la venganza, daré a cada cual su merecido. Y también: El Señor juzgará a su pueblo.  Es espantoso caer en las manos del Dios vivo." (Hb 10, 30-31)

Sexualidad
Uniones homo
Equidad
Al Cesar lo que es del Cesar

 

 

"El derecho a escoger libremente las opciones espirituales de cada uno se deriva directamente de la libertad de conciencia, es fundamental e inalienable y tiene por consecuencia la función estatal de tutelar la libre práctica de los actos externos en los cuales se refleja la convicción religiosa." (Sent. T-602 de 1996, Corte Const.)