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"Toda teología es política" (Juan Bautista Metz, en "Dios y tiempo: Nueva teología política")

 

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El Prójimo

Todo cristiano debe tener presente que Jesús resume los mandamientos de la siguiente manera:

" “Maestro, ¿cuál es el mandamiento más importante de la Ley?”. Jesús le dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.  Este es el gran mandamiento, el primero.  Pero hay otro muy parecido: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Toda la Ley y los Profetas se fundamentan en estos dos mandamientos.” " (Mt 22, 36-40)

O sea que la actitud hacia el prójimo juega un papel fundamental en la vida cristiana. Sin embargo, muy pocos, tanto cristianos como no cristianos, se percatan de los alcances de estos mandatos, es decir, cómo se ponen en práctica. En el Antiguo Testamento, se prohibía -respecto del prójimo- engañarlo (Lv 19, 11) o no oprimirlo (Lv 19, 13), o incluso jugarle malas pasadas (Pr 3, 27-30), sin embargo, para los judíos de la época de Jesús "prójimo" no significaba cualquier otro, sino solamente otros judíos. Es algo parecido a lo que ocurre hoy en día, cuando distinguimos entre unos y otros en materia de solidaridad, practicándola hacia algunos pero no hacia todos. Por eso Jesús no se limita a recordar el mandamiento, sino que lo aclara mediante una parábola, advirtiendo que abarca a todos.

En el evangelio de San Lucas, cuando un maestro de la ley le pregunta a Jesús qué hacer para conseguir la vida eterna, Nuestro Señor le pregunta lo que dice la Escritura, y el maestro le responde señalando esos dos mandatos, bien conocidos desde el Antiguo Testamento (en Mat 22, 36-40 Jesús estaba citando Dt 6, 5 y Lv 19, 18) de modo que por aquel entonces los estudiosos de la Sagrada Escritura ya sabían qué debían hacer (amar a Dios y amar al prójimo). Pero en el relato el maestro el pregunta a Jesús quién es el prójimo, a lo cual el Mesías le responde con la parábola del buen samaritano (Lc 10, 25-37), una de las parábolas más célebres pero quizás una de las peor comprendidas, dado que pocos se percatan de la última parte del episodio:

"Jesús entonces le preguntó: “Según tu parecer, ¿cuál de estos tres fue el prójimo del hombre que cayó en manos de los salteadores?”  El maestro de la Ley contestó: “El que se mostró compasivo con él.” Y Jesús le dijo: “Vete y haz tú lo mismo.” (Lc 10, 36-37)

Noten que la pregunta decisiva no es quién es el prójimo, sino quién se hizo prójimo del otro, lo cual nos obliga a replantear nuestra forma de pensar respecto de los demás, puesto que uno de los sustentos de la vida cristiana (la parte de amar al prójimo como a uno mismo) es hacerse prójimo de los demás, en forma activa, tal como hizo el buen samaritano en la historia que relata Jesús al maestro de la ley en el evangelio según San Lucas.

Para que el relato fuera más impactante para quienes le escuchaban, Jesús puso de ejemplo de comportamiento a un samaritano. Eso debió incomodar profundamente a los judíos que estaban ahí, quienes solían despreciar profundamente a los samaritanos, pero que con el ejemplo propuesto por Nuestro Señor se vieron forzados a reconocer que no era la pertenencia a una raza o nacionalidad determinada lo que los definía como correctos ante Dios, sino el comportamiento haciéndose prójimo de otros. Por otro lado, si el lector lee con cuidado la parábola del buen samaritano, notará que no podemos saber ninguna característica del hombre que es asaltado en el camino a Jericó, con lo cual queda claro que prójimo es cualquier ser humano.

Toda actividad, tanto política como pública o privada, debe regirse por el servicio activo al prójimo, de forma real y efectiva, tal como hizo el buen samaritano.

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"El derecho a escoger libremente las opciones espirituales de cada uno se deriva directamente de la libertad de conciencia, es fundamental e inalienable y tiene por consecuencia la función estatal de tutelar la libre práctica de los actos externos en los cuales se refleja la convicción religiosa." (Sent. T-602 de 1996, Corte Const.)