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"Toda teología es política" (Juan Bautista Metz, en "Dios y tiempo: Nueva teología política")
¿Dijo Jesús "al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios"?
Hay que decirlo de una vez: NO. Ni tampoco Jesús insinuó lo que modernamente asumen muchos, es decir, que los cristianos no deben meterse en política.
Lo que dijo Jesús fue "Pues den al emperador lo que es del emperador, y a Dios lo que es de Dios" (Mateo 22, 21; Biblia Dios Habla Hoy). Es literalmente un mandato, aunque hay que comenzar con una aclaración de orden textual. En el original griego el verbo que se traduce por "den" (apodidomi), tiene también el sentido de "devolver", por lo cual la Biblia Latinoamericana traduce "Jesús les replicó: "Devuelvan, pues, al César las cosas del César, y a Dios lo que corresponde a Dios.""; las dos traducciones son correctas, y ya veremos porqué.
La perícopa (o sea el episodio) está en el capítulo 22 de San Mateo, versos 15 a 22 (con paralelo en Mc 12, 13-17 y Lc 20, 20-26). Allí se narra cómo responde Jesús a un reto que le colocan unos fariseos y unos herodianos, dos grupos con intereses casi incompatibles pero unidos, en este caso, contra Jesús. Esos personajes planean una trampa cuidadosamente; no dan la cara, sino que mandan a sus discípulos, quienes, luego de fingidos halagos que en realidad son auténticas blasfemias, le plantean a Jesús un dilema. Un dilema es una pregunta con dos posibilidades de respuesta, cualquiera de las cuales haría quedar mal al que contesta, a menos que el interpelado fuera lo bastante inteligente como para responder sin caer en la trampa, así que es evidente que los fariseos, como muchos hoy en día, se creían más listos que Jesús, y que podían burlarse de El sin que se diera cuenta.
La interrogación consistió en saber la posición de Nuestro Señor acerca del pago de tributos al emperador romano, es decir, si ello estaba bien o mal. El pago de tributos a Roma era una obligación de todo habitante de un territorio ocupado por sus tropas, por lo tanto, si Jesús decía que estaba mal hacerlo, podía ser denunciado ante las autoridades por los herodianos (amigos de Roma), pero si decía que era correcto hacerlo quedaba mal con los demás judíos por apoyar a los invasores, lo que pondría contentos a los fariseos; ante el dilema, Jesús, quien de entrada los llama hipócritas porque la pregunta no tiene nada que ver con absolver inquietud alguna, elude caer en la trampa y les contesta con la famosa frase que, en realidad, significa que son ellos mismos los que deben elegir a quién servir y cómo servir, sabiendo que los romanos son un yugo y que Dios es la salvación, y que no está pidiendo una revolución armada. Pablo dirá en Romanos 1, 7: "Den, pues, a cada uno lo que le corresponde: el impuesto, si se le debe impuesto; las tasas, si se le deben tasas; obediencia, si corresponde obedecer; respeto, si se le debe respeto."
Veamos un versículo en los salmos que puede ayudar a entender mejor el sentido de Mt 22, 21, el verso 12 (11 en algunas traduciones) del salmo 76: "¡Hagan votos al Señor, al Dios de ustedes, y vengan de todas partes a cumplirlos, traigan ofrendas para el Dios terrible! " El verbo empleado aquí en hebreo (shalam) cuando se lanza el imperativo de cumplir las promesas al Señor, es traducido en la versión griega del Antiguo Testamento por "apodidomi", lo que significa que el término tiene también el sentido tanto de cumplimiento, como -lo que es muy importante- de retribución o restitución, entre otros. El uso gramatical de apodidomi en Sal 76, 12, en la versión griega del Antiguo Testamento (o Septuaginta), es exactamente el mismo que en Mt 22, 21 (por cierto, los tres evangelistas sinópticos usan el verbo apodidomi en la misma forma: segunda persona, imperativo, plural, aoristo, activo).
Así , lo que -entre otras cosas- Jesús está diciendo a sus interrogadores es que, según se hayan relacionado con Dios o con los hombres, producen los frutos respectivos.